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    La figura del acosador

    Publicat el 25 de juny de 2005, actualitzat el 28 de juny de 2005
    per  morral

    Posiblemente no exista gran diferencia aparente entre las características de la mayor parte de acosadores y el resto de la población. Nos encontraremos con acosadores que se manifiestan como grupo, acosadores que intervienen institucionalmente, aquellos que lo hacen a título propio y un sinfín de casuísticas diversas. En la mayor parte de los acosos morales o psicológicos en el trabajo primará fundamentalmente el objetivo y el interés que persigue esta figura en su proceso de hostigamiento. Algunos autores han referenciado (magníficamente) características subyacentes en la personalidad del acosador tomado como individuo (González de Rivera nos habla del MIA, Hirigoyen y Piñuel advierten características psicopáticas referidas a una ausencia en la capacidad para ponerse en el lugar del otro y asimilar sus sentimientos.)incluso se ha llegado a tocar la posibilidad de ciertos rasgos esquizofrénicos.

    Quisiera centrarme en este último punto y más concretamente en la percepción de la realidad que estos individuos tienen. El acosador construye un orden social mediatizado por sus propios objetivos, por sus experiencias o por su adscripción a los valores culturales de la organización en la que desarrolla su actividad. Esto dará pie al origen de su conducta de acoso. Pondrá en marcha sus estrategias con el objetivo de ajustar la conducta de la víctima a ese orden social construido y esperará fehacientemente el beneficio. Si durante el proceso y percibe que dicho proceder no se ajusta a los cánones marcados por el contexto en el que desarrolla su proceso, tratará por todos los medios de cambiar la percepción de aquellos que rodean al acosado intentando establecer una red que justifique y salvaguarde sus actos de algún tipo de consecuencia negativa hacía su persona se entiende.

    En este propósito alcanzará límites insospechados que, incluso pudieran muy bien ser susceptibles de evaluarse como rasgos de esquizofrenia cuando dicha figura introyecta su discurso.

    Si el acosador se ve obligado a alcanzar esta frontera, no reparará en las consecuencias de su posición, arrastrando con él tanto a personas como a recursos de la organización para justificar la inverosimilitud de la conducta que se le imputa y salvaguardar su inocencia haciendo pensar que su víctima sufre trastornos emocionales que se manifiestan en un exceso de rasgos paranoides o de otra índole, quizás más difamatoria.

    Esta será la manera más común de establecer una propia estrategia de defensa, por parte del acosador, si llegado el caso, las autoridades o los responsables de la organización laboral se interesan por las denuncias de la víctima.

    ¿Puede convertirse el acosado en acosador?

    En cualquier proceso de conflicto siempre se corre el riesgo de invertir o permutar los papeles en una escalada de las agresiones, máxime cuando ya se conocen las estrategias que utiliza la otra parte y si además unimos a ello el hecho de sentirse dañado quizás nos sintamos legitimados para utilizar alguno de los argumentos o de las técnicas agresivas que se han cursado por hacia nosotros. Por tanto a nivel personal y sí sólo dependiera del hecho de la conducta individual cualquier acosado puede convertirse en un acosador. Pero un análisis detallado de la cuestión nos conduciría necesariamente a considerar algunos aspectos que en esencia reflejarían la máxima de "querer no siempre es poder" y me explicaré.

    El acosador puede ser en principio una persona a un grupo y si analizamos la situación en la que esta persona o grupo se desenvuelve podríamos enseguida identificar algunos aspectos muy importantes que tienen que ver con la respuesta que vamos buscando:

    1. La motivación del acosador. Persona o grupo, el objeto del hostigamiento para el acosador es la adscripción de la conducta de la víctima a sus propios objetivos, estando estos objetivos en consonancia con los de la propia organización o bien buscando el beneficio propio.

    2. La naturaleza del acosador. En muchos casos esta naturaleza puede ser patológica, aunque no siempre es así. Hay ocasiones en las que el acosador sencillamente esta haciendo uso de un mal entendido o introyectado "poder" que le ha conferido la organización y sólo aplica un exacerbado proceso de socialización sobre el afectado por al mobbing, aunque visto desde cualquier angulo, normalmente es insensible al daño que esta causando.

    3. Los medios del acosador. En cualquiera de los casos que analicemos, ya se trate de una posición legitima o de una posición de hecho, de un sujeto o de un grupo, el acosador mantiene una posición de superioridad asimétrica ante el acosado, que le permite la utilización de recursos de la propia organización para su fin. Dispone de mayor poder y por tanto de gran facilidad para dañar.

    4. La oportunidad del acosador. Analizando en el tiempo, el acosador no ejerce su proceso de hostigamiento en un solo suceso temporal, sino que lo hace durante largas etapas. El mobbing es un proceso progresivo y de desgaste. Cuando este comienza su proceso lo está haciendo con la oportunidad de la impunidad, la inocencia o el desconocimiento de su intención, por parte de la víctima y el apoyo de la organización, al menos inicial.

    5. El desgaste de la victima. Al llegar a cierto grado de permanencia y de persistencia del acoso, la víctima esta ya deteriorada en muchos aspectos que rozan con su equilibrio de salud, con sus motivaciones personales y con el posible uso de los recursos que están a su alcance.

    6. El lugar de acoso. La figura que ejerce el hostigamiento lo hace en el propio entorno laboral, utilizando los recursos, los procesos o la infraestructura de la propia organización laboral, lo que hace difícil su identificación, al menos en principio.

    Cualquiera de estos puntos sería muy difícil de invertir y propiciar que el acosado se convierta en acosador.

    Es comprensible que cuando se conoce el daño causado por el mobbing, quien lo ha sufrido se pregunte: ¿estaré actuando igual si me defiendo?... pero no nos engañemos, difícilmente se puede llegar a disponer de todo este cúmulo de circunstancias y por tanto, puede que el acosado se convierta en otra cosa, pero nunca tendrá la oportunidad de convertirse en figura mobbeadora en esa misma relación en la que ha sido víctima.

    BARON DUQUE.M. Profesor Titular de Psicología. Facultad de Psicologia. Universidad de Sevilla


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